Revisando un disco duro externo viejo encontré algunos artículos que publiqué para la revista GP, así que voy a ir posteándolos acá, en el orden en el que (creo) fueron escritos:

1506 – El Inicio de un Enigma
En absoluta pobreza, triste, olvidado y sin el reconocimiento pleno de su gran logro, acompañado por sus dos hijos y dos fieles marinos, Cristóbal Colón murió aquejado de gota y otras enfermedades a los 55 años en Valladolid, España. Dos años antes, mientras redactaba el “Libro de las Profecías”, que refleja toda su mentalidad mesiánica, había fallecido Isabel la Católica, lo cual significaba la pérdida del principal apoyo del anciano almirante en la corte. Anciano no por edad, por desgaste, en el Archivo de Simancas hay registrada una cédula “concediendo a don Cristóbal Colón licencia para andar en mula ensillada y enfrenada por cualesquier partes de estos reinos” firmada por Fernando el Católico el 23 de febrero de 1505. El estado de salud de Colón empeoró y sus peticiones de derechos sobre las tierras descubiertas fueron ignoradas por la monarquía. El incansable marino genovés dejó de existir sin saber que había descubierto un continente.
En el testamento del prominente navegante figuraba su petición de ser enterrado en el Nuevo Mundo bautizado luego como América (fruto de un error al conceder su descubrimiento a Américo Vespucio); sin embargo, ello no sucedió hasta 1537, año en que trasladaron sus restos a Santo Domingo luego de que La Española, nombre de la isla en ese entonces, fuera cedida a los franceses. En 1795 fueron llevados a Cuba y de nuevo a Sevilla cuando la isla caribeña obtuvo su independencia de España en 1898.
Lo curioso de esta historia es que mientras se realizaban trabajos en la capital quisqueyana, unos obreros encontraron una cámara mortuoria oculta, en la que hallaron una caja con 13 fragmentos largos de hueso y 28 más pequeños. En el interior de la caja se leía la inscripción “Yllustre y Esdo, Varon Dn. Cristoval Colon” cincelada en caracteres góticos. Estos restos fueron enterrados en una cripta bajo un monumento en forma de cruz conocido como “el Faro a Colón”, en la Republica Dominicana. El debate estaba abierto: ¿cuáles eran los verdaderos restos del más grande de los navegantes de su época?
En 2003, con un presupuesto de 180.000 euros, un equipo de forenses españoles de la Universidad de Granada encabezados por José Antonio Lorente, ayudados por el FBI, biólogos e historiadores, comenzó a analizar el ADN de los restos sepultados en Sevilla comparándolos con los de Diego Colón y Hernando Colón, hermano e hijo del descubridor respectivamente, cuyos restos están identificados. El proyecto ha sido denominado “Cristóbal Colón: la revelación del enigma”, y sólo trabajará con los presuntos restos de Colón exhumados en España, ya que Santo Domingo se negó a la extracción de muestras de los restos que están en el monumento, lo que abre la posibilidad de que los verdaderos restos estén en cualquiera de los dos países, repartidos entre ambos o, inclusive, en ninguno de los dos.

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