La semana que viene empiezo de nuevo con mi programa de cine latinoamericano en la Radio del Círculo de Bellas Artes de Madrid 100.4 FM, así que voy a postear algunas de las reseñas de la temporada pasada:
PVC-1 (Colombia, 2007)
Dirigida por Spiros Stathoulopoulos
Basada en hechos reales, PVC-1 narra en un solo plano la historia de una campesina a la que unos terroristas le colocan una bomba, hecha del material del título, en el cuello a cambio de una cantidad de dinero que no puede pagar, y su camino hasta el punto de encuentro con un oficial del escuadrón antibombas que tratará de desactivarla.
Stathoulopoulos, inmigrante griego criado en Colombia, se encargó de casi todo en esta película, desde el guión y la producción hasta la dirección de fotografía y el manejo de la steadicam, que obviamente está presente durante toda la cinta, ya que está hecha en tiempo real, por lo que hizo también el sonido directo, pero además trabajó con la mezcla de sonido; es decir, un director bastante completo, aunque está preparando un nuevo proyecto en el que sólo va a dirigir.
PVC-1 destaca sin duda alguna entre cualquier otra película por llevar el plano secuencia hasta su máxima expresión, la película secuencia; es decir, en un experimento parecido al que hizo Hitchcock con “The Rope”, en esta película no hay cortes desde que empieza hasta que termina, con sus consecuencias en el manejo de los espacios y los desplazamientos, la luz, los actores y una única óptica, que afectan de manera importante al ritmo de la misma.
PVC-1 recibió una mención especial en el Festival de Cannes de 2007, además de ganar un premio para el director en el Festival de Thessaloniki, su ciudad de nacimiento.
Kamchatka (Argentina, 2002)
Dirigida por Marcelo Piñeyro
Kamchatka es un drama acerca de las persecuciones políticas de la dictadura argentina, en la que una familia debe huir al campo y dejar sus vidas atrás, y los padres, interpretados por dos grandes actores argentinos como son Ricardo Darín y Cecilia Roth, evitan a toda costa que sus hijos se enteren de lo que les sucede, así que los incluyen en juegos como el Stratego o Risk, en el cual hay un país ficticio llamado Kamchatka y que, como dice el padre en la película, una vez que se llega allí se puede estar seguro.
Piñeyro es un director con dilatada experiencia en Argentina y en España, con dos coproducciones bastante exitosas en ambos países como han sido “El Método” y “Viudas de los jueves”.
Kamchatka destaca por la espectacular relación que plantea en esta familia, especialmente la lección de vida que se le enseña a los niños, por cómo entran y salen los personajes en sus vidas, lo reales y verosímiles que son todos y, principalmente, por la pericia con la que está manejada la situación de violencia del país, y cómo se siente tensión en la película sin llegar a ser explícita en ningún momento.
Kamchatka fue seleccionada por su país para representar a Argentina en los Oscar de lengua no inglesa, y aunque no logró entrar en la lista final, sí ganó premios en otros importantes festivales como el de La Habana o el de la asociación de críticos argentinos.
Mi vida con Carlos (Chile, 2008)
Dirigida por Germán Berger-Hertz
Mi vida con Carlos es un documental parecido al género autorreferencial, en el que su director utiliza la ausencia de su padre Carlos en su vida como pretexto para criticar la represión durante la dictadura de Pinochet, y documenta las conversaciones con el resto de sus familiares acerca del impacto que tuvo el asesinato de Carlos en su entorno directo.
Tal como él mismo dice en este documental, Berger-Hertz emigró a Barcelona siendo joven, estudió en el Centro de Estudios Cinematográficos de Cataluña; ahí hizo su primer corto documental, y luego utilizó el sistema de coproducción con Chile para realizar su primer largometraje, llamado “Viaje a Narragonia”.
Mi vida con Carlos tiene un ritmo muy pausado, alternando entre las conversaciones del director con sus familiares y su narración en off sobre fotografías o videos de los mismos.
Es un filme muy personal que llega a veces a ser un acto parecido a los cuasiexperimentos cinematográficos de Vincent Gallo, en los que el autor habla de sí mismo para tratar de plantear un drama más universal; sin embargo, las personas muy sensibles con los temas familiares, con la represión de aquellos años o con la llamada por algunos lucha intelectual proletaria soltarán alguna lagrimita.
Seguramente esto, junto a un bellísimo tema musical, fue lo que impresionó al jurado del Festival de Cine de Marsella de 2010, donde fue la ganadora del certamen.
Un Oso Rojo (Argentina, 2002)
Dirigida por Adrián Caetano
Un hombre llamado Oso sale de la cárcel tras un intento de robo que salió mal, y vuelve a su pueblo del interior de la Argentina para conocer a su hija, ya que su novia, Natalia, estaba embarazada cuando lo encanaron, y para cobrar la parte del botín que le corresponde; sin embargo, su ex-mujer ha rehecho su vida con otro, y su antiguo jefe no tiene muchas ganas de pagarle, así que Oso tendrá que tomar control de su vida.
Caetano es un director uruguayo que ha hecho su carrera en Argentina tras cursar estudios de cine en Francia, y luego del éxito alcanzado por las cintas “Pizza, Birra, Faso”, de 1998, y “Bolivia”, que le valió el premio de los críticos jóvenes al mejor largometraje en el festival de Cannes de 2001, volvió a escribir un guión basado en una historia de Romina Lanfranchini.
En este caso se decantó por hacer un western puro, con la historia del forajido que viene a poner orden en su pueblo usando su regia actitud, y a recuperar lo que le pertenece, con su duro final, y acompañado en todo momento por su música de leit motif, que en este caso, y recordando que es una extrapolación del género a la actualidad argentina, es una cumbia.
En Un Oso Rojo, Caetano toma las claves de un género y las aplica a otro lugar y tiempo, se apoya en magníficas actuaciones, destacando Soledad Villamil, la misma de “El Secreto de sus Ojos”, en el papel de Natalia, y crea una película maravillosa, con la que demuestra, una vez más, que el lenguaje del cine de género es universal.
El Baño del Papa (Uruguay, 2007)
Dirigida por César Charlone y Enrique Fernández
En Melo, un pequeño pueblo del Uruguay que hace frontera con Brasil, la pobreza es notable, y por eso un grupo de hombres, entre ellos Beto, se resuelve la vida trayendo desde su país vecino mercancía de contrabando, así que cuando el Papa anuncia su visita a este rincón de Uruguay, todos ven oportunidades de negocio vendiendo comida, y a Beto se le ocurre construir un baño en su jardín, pero necesita encontrar el dinero de alguna manera, y no será sencillo.
El Baño del Papa está dirigida de manera bastante singular, ya que es el debut de Fernández y Charlone como directores; Fernández es todo un novato que sólo ha trabajado en dos películas, pero Charlone es un adalid de la fotografía, ya que ha estado a cargo en una veintena de títulos, incluyendo los tres trabajos más importantes del reconocido brasilero Fernando Meirelles: “Ciudad de Dios”, “El Jardinero Fiel” y “Ensayo sobre la Ceguera”.
Charlone y Fernández tienen estilos diferentes, y se nota mucho en el contraste de ritmos que lleva la película, a veces introspectiva, y otras casi de videoclip, pero es esa riqueza, junto a la ácida crítica que le hace a la religión, los medios de comunicación y la desesperanza humana, lo que hace de esta película una opción entretenida y reflexiva a la vez.
Por esto, y porque, aunque parezca ficción, el Papa de verdad estuvo en Melo en 1988 y el mundo ni se acuerda, no sorprende que Charlone y Fernández hayan ganado el premio Horizontes en el Festival de San Sebastián del 2007 con esta cinta que se lo recordó.
Grado 3 (Chile, 2009)
Dirigida por Roberto Artiagoitía
Grado 3 es una adaptación de la multipremiada comedia de 2007 “Young People Fucking”, dirigida por Martin Gero, y en esta seguimos el encuentro sexual de cinco parejas (unos novios, un matrimonio, una ex-pareja, unos amigos y un anciano que contrató a una prostituta), el cómo se complica al intervenir los deseos, pasiones y secretos internos de los involucrados, y cómo, generalmente, llegan a un final feliz luego de haber disfrutado del sexo.
Artigoitía, mejor conocido en su país con el seudónimo de “Rumpy”, es una personalidad de la radio, que se aventuró en el mundo del cine haciendo una película constituida por tres cortometrajes, basados en historias contadas por oyentes de su programa, y tras la buena acogida de este primer filme, llamado Radio Corazón, hizo la adaptación de Grado 3.
Grado 3 destaca, obviamente, por poner sobre la palestra temas a veces considerados tabú como el sexo entre divorciados, con espectadores o con juguetes, pero lo hace de manera cómica y sin llegar a la vulgaridad; como dice el mismo Rumpy al final de la cinta, si el espectador se ríe en un par de momentos y se pone caliente en otro par, él ha cumplido su objetivo.
Grado 3 tuvo mucho éxito comercial en Chile; sin embargo, no logró la amplia trayectoria festivalera de su homóloga norteamericana, quizás por ser latinoamericana y tratar el tema desde una perspectiva más localista, pero precisamente es ésta su principal baza, el romper tabúes y mitos, y hacerlo con sabor chileno.
Rudo y Cursi (México, 2008)
Dirigida por Carlos Cuarón
Rudo y Cursi es la historia, y los apodos de Tato y Beto, dos hermanos de la misma madre, uno quiere ser cantante y el otro futbolista, y son el delantero goleador y el portero y capitán de un equipo amateur de un pequeño pueblo de México que, engañados por un cazatalentos corrupto, son llevados a jugar fútbol en la primera división de su país, con las consecuencias que trae la fama y fortuna repentina.
Carlos es el hermano menor, y guionista en algunos de sus proyectos, del reconocido Alfonso Cuarón, y en esta ocasión se aventuró a dirigir su primer largometraje, aunque ya tenía varios cortos a sus espaldas, y es también un cortometraje, aunque esta vez producido en Norteamérica y no en su México natal, el trabajo que está llevando a cabo en este momento.
Rudo y Cursi destaca por sus toques humorísticos y guiños a la cultura de alabar a los ídolos deportivos, cosa no sólo propia del continente latinoamericano, mezclados con el drama de las drogas, las apuestas o los conflictos familiares, todo aderezado por la reunión, ocho años después de Y tu mamá también, de Gael García Bernal y Diego Luna, quizás los actores mexicanos más internacionales del momento, en los roles principales.
Y para sumar gente a esta película, Rudo y Cursi cuenta como productores a los tres cineastas mexicanos más destacados de la actualidad, como los son Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González-Iñárritu.
La Mujer sin Cabeza (Argentina, 2008)
Dirigida por Lucrecia Martel
La Mujer sin Cabeza es un drama acerca de una mujer llamada Verónica que se distrae al volante y atropella algo, o alguien, y se va del lugar. Obviamente esto le trae consecuencias, pero no legales, ya que nunca se demuestra que de verdad haya matado a una persona, pero sí psicológicas, y es así como Verónica entra en una espiral de incertidumbre, porque aunque le digan que probablemente pisó un perro, ella no está del todo convencida.
Este es el cuarto largometraje de Martel, uno de las pocas directoras de cine que ha tenido el privilegio de ser jurado en los festivales de Berlín en 2002 y de Cannes en 2006.
En La Mujer sin Cabeza destaca el momento del atropello y la espectacular, precisamente por lo peculiar, reacción de María Onetto, la actriz que interpreta a la protagonista, y que da una interpretación muy lograda, apareciendo en pantalla durante la mayor parte del largometraje.
La Mujer sin Cabeza arrasó en los premios de la Academia Argentina, llevándose los galardones a mejor guió original, mejor director y mejor película, y nominaciones a mejor actriz para Onetto, cinematografía, dirección de arte, diseño de vestuario, edición, sonido y actriz secundaria para María Vaner en el papel de la Tía Lala.
Soñar no cuesta nada (Colombia, 2006)
Dirigida por Rodrigo Triana
Soñar no cuesta nada es una historia real ocurrida en 2005 en la selva colombiana, en la que un grupo de soldados que estaban tras la pista de guerrilleros encontraron enterrados una serie de bidones llenos de dinero provenientes de secuestros y negocios de los terroristas, y en lugar de reportarlos decidieron dividírselos y gastarlos, viviendo por un día como siempre habían soñado.
Hijo de Jorge Alí Triana, también director de cine, Rodrigo siguió los pasos de su padre, aunque se ha dedicado más a la televisión, dirigiendo capítulos de series y telenovelas, incluyendo algunas muy exitosas como Pasión de Gavilanes.
En Soñar no cuesta nada destaca la naturalidad con la que van sucediendo las cosas, cómo el espectador va viendo los errores que cometen los soldados por su propia ignorancia, y porque por primera vez sienten que tienen lo que se merecen por arriesgar sus vidas en la guerra, lo que genera angustia porque sabemos cómo va a terminar todo, pero al estar aderezado con humor se hace fácil de digerir.
Soñar no cuesta nada fue la película colombiana más taquillera del 2006, lo que probablemente le supuso que fuera postulada por la academia de su país para el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, y además fue nominada a un Goya a mejor película hispanoamericana acá en España.